miércoles, 4 de mayo de 2011

China, sospechoso número uno en el contrabando de marfil

Tristan McConnell, Nairobi (Kenia) | GlobalPost

Muchos culpan a China del aumento de las matanzas de elefantes en África. El creciente apetito por el marfil en Asia, sumado al aumento de la influencia de China en los países del centro y sur del continente negro podría estar detrás del aumento de la caza furtiva de elefantes para hacerse con sus colmillos.


FOTO: Un elefante joven corriendo en Kenia
Este joven elefante africano juega en la reserva de los Masai Mara en Kenia, pero sin protección podría ser la próxima víctima de las mafias del marfil. (Foto: Getty Images/Dan Kitwood)

En una reciente acción que parece confirmar esta tendencia los agentes de aduanas de Tailandia requisaron dos toneladas de marfil escondidas en un buque procedente del puerto de Mombasa, en Kenia. Los 247 colmillos descubiertos el 30 de marzo podrían valen en el mercado unos 3,3 millones de dólares (2,3 millones de euros), lo que ilustra el lucrativo negocio que hay detrás de un comercio ilegal global que amenaza la supervivencia de la fauna salvaje africana.

El responsable de la oficina medioambiental de Kenia ha culpado a los chinos de la matanza de más de 100 elefantes y 20 rinocerontes el año pasado. “El 90 por ciento de las personas que pasan por nuestros aeropuertos y son aprehendidos con trofeos de fauna salvaje ilegales son chinos”, afirma Julius Kipng’etich, director del Kenya Wildlife Service (KWS).

China invierte miles de millones de dólares en África cada año en acuerdos que intercambian carreteras y vías férreas por minerales y recursos naturales para impulsar su dinámica economía. Pero los expertos en vida salvaje dicen que hay un lado oscuro en esa presencia china.

“China es el mayor catalizador del comercio de marfil, y eso está vinculado a su extraordinario crecimiento económico; al nivel de recursos disponibles que tienen; a su vuelta a la cultura tradicional; a los símbolos de status, en los que el marfil desempeña un papel importante; y también al increíble aumento del número de chinos en el continente africano”, explica Tom Milliken, director regional para el este y el sur de África de Traffic, una organización que vigila el comercio mundial de flora y fauna salvaje.

Un cable diplomático escrito en febrero del año pasado por el embajador de EEUU en Kenia, Michael Ranneberger, y que ha sido publicado por WikiLeaks dice: “KWS ha detectado un aumento serio de la caza ilegal allá donde hay campamentos de trabajo de chinos y ha establecido planes específicos para reducir el furtivismo”. El embajador añadía que el Gobierno de China “no ha demostrado ningún compromiso” para reducir esas matanzas para conseguir marfil.

2009 fue el peor año que se recuerda en Kenia en cuanto a caza furtiva, con 249 elefantes muertos frente a 140 en 2008 y sólo 47 en 2007.

Las matanzas preocupan a quienes trabajan en la conservación de la vida salvaje. “Todos los indicadores muestran que la caza ilegal ha crecido muy rápidamente, y de forma muy reciente”, afirma Richard Leakey, un prestigioso conservacionista y antiguo responsable del departamento de protección natural de Kenia.

Los productos hechos con marfil son un símbolo ancestral de éxito y fortuna en China, en donde el aumento del nivel de vida está haciendo que cada vez más personas se pueden permitir determinados lujos.

El comercio internacional de marfil está prohibido desde 1989, pero en la década anterior a ello la población de elefantes de África se había desplomado desde 1,3 millones de ejemplares a 600.000. En Kenia el efecto de ese comercio fue aún peor, con un 85 por ciento de la población muerta en los 15 años previos a la entrada en vigor de la prohibición.

El precio internacional del marfil es ahora tan elevado que se teme que se vuelvan a producir las tramas y la corrupción que permitió la expansión de la caza furtiva en el continente en las décadas de 1970 y 1980.

Según algunos cálculos, el marfil se está vendiendo a unos 100 dólares el kilo en origen y el cuerno de rinoceronte a unos 6.000 dólares el kilo. Cuando la materia llega de contrabando a los mercados negros de Asia su precio se puede haber multiplicado ya por 10. Algunas de las cifras que se barajan suponen una fortuna para las mafias criminales que dan caza a los animales, algunas veces usando incluso ametralladoras.

Traffic se encarga de analizar los datos de las capturas de marfil para el Sistema de Información de Comercio del Elefante, y según ellos existe una correlación entre la corrupción y el comercio ilegal de marfil, algo que también la Interpol ha detectado.

“Los precios son tan altos que inevitablemente aparecen asuntos de corrupción; ocurre todo el tiempo”, dice Peter Younger, del área de delitos contra la fauna salvaje de Interpol.

Leakey ha acusado al servicio de la naturaleza de Kenia de ser cómplice de este comercio ilegal. “Estamos justo de nuevo en donde estábamos en la década de 1980. Sospecho que gran parte de esas matanzas en Kenia están siendo realizadas por personal del departamento de fauna salvaje o con su total connivencia”, denuncia. “Es muy, muy parecido a lo que ocurrió en los 80”.

Acusaciones similares también han sido realizadas en Sudáfrica, Tanzania, Zimbabue y otros países africanos.

Kipng’etich niega que exista una trama por parte de las autoridades. “Si se observan las capturas realizadas está claro que no proceden de los almacenes del gobierno, ya que esas piezas están marcadas con tinta permanente, según indican las normas”. Añade que el servicio de la naturaleza de Kenia tiene medidas de “contrainteligencia” para controlar a su personal y que “cualquier empleado que participe en cazas furtivas sabe las consecuencias: pierde el empleo y puede acabar en la cárcel”.

Fuente: La Información

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