viernes, 2 de septiembre de 2011

Jauría ladró en Groove a favor del Hospital Veterinario Público

19 de agosto

La semana llegaba a la mitad y nuevamente Groove proponía un after (larguísimo) para amortiguar la espera del finde. Los chicos ya habían salido del colegio y las oficinas. Se calzaron los piercing, llenaron sus manos de gel, armaron su cresta, le dieron play al mp3 y partieron hacia Avenida Santa Fé 4389 para vivir un poco de punk.


Pasadas las 21:30 y con más de dos horas treinta de espera, Loquero salió a escena. La banda oriunda de Mar del Plata cantó sus temas entre el ruido y el público que los hizo sentir locales. Algunos que sonaron fueron: “Soledad”, “Atlántida”, “Muchachos”, “Frío”, “Barrio de niebla” y “Show bizz”. En poco más de hora y medía a puro huevo, agite, tímidas melodías y oraciones al mejor estilo Bukowski Loquero expresó al punk rock como una simple cuestión de actitud; cortos se quedaron.
Finalizada la presentación de la banda marplatense llegó el turno del plato fuerte de la noche, Jauría. El supergrupo conformado por Ciro Pertusi, Ray Fajardo, Pichu Serniotti y Mauro Ambesi arremetieron con “Indios Kilme”, “El Tren” y “Caballito de hierro”, para no defraudar y afirmar una vez más porque son las mejores cosas que escupió la elite rockera local en el 2010.
“Estamos empezando un camino y quizás sea un lento ascenso”, lanzó Ciro. Condiciones les sobran. En vivo suenan super prolijos, como si uno pusiese un disco y además de grandes canciones, arrastran un pedazo de historia que marcó y marca a fuego a dos generaciones. “Áspero”, “La gente que habla sola”, “Donde las águilas se atreven”, “Perfección”, “Irte” balbucean por sí solas.
El after clandestino de la fecha tuvo una perlita de lujo. Después de que Ray, esa locura extrema de la bata y columna vertebral de Jauría haya presentado y agradecido a dos amigos del “sindicato de bateristas” que se encontraban en camarines: Javier Herrlein, ex Catupecu y Chino Biscotti de Cadena Perpetua, Ciro peló la acústica en solitario e interpretó “El poder nuestro es”, canción por excelencia de Dragon Ball, dedicada a “toda la legión de la Genkidama”. Ya no se podía pedir nada más a esta altura: Attaque, Cabezones, temas nuevos y dibujitos animados.

El show iba llegando a su fin. Jauría ya había demostrado que su punto fuerte estaba cuando Pichu activaba su wawa y Ray ganaba libertades. Tan solo les faltaba difundir una de sus proclamas: “la lucha por un hospital veterinario público”. Mestizos, mensajes, rock y un cierre al palo con “La Jauría” fueron los condimentos que dejaron a medio Groove con un hermoso zumbido de oídos.











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